La doctrina del shock
Naomi Klein, en La doctrina del shock (2007), expone un análisis crítico del avance del neoliberalismo global como un proceso que no solo responde a dinámicas económicas, sino que se apoya en estrategias psicológicas profundamente eficaces para desactivar la resistencia social. Su tesis central sostiene que las crisis —ya sean guerras, desastres naturales, atentados terroristas o colapsos económicos— son utilizadas como momentos clave para imponer políticas de mercado extremo que benefician a las élites económicas y debilitan las estructuras colectivas. Esta lógica del “capitalismo del desastre” no solo tiene implicaciones políticas y económicas, sino también psicológicas, especialmente desde la óptica de la psicología social.
La psicología social ha estudiado ampliamente cómo las situaciones de incertidumbre y amenaza afectan la conducta de los grupos. Uno de los hallazgos más relevantes en este sentido es el aumento de la obediencia a la autoridad en contextos de crisis, tal como lo demostró Stanley Milgram en sus experimentos sobre obediencia en los años 60. En situaciones de desorientación colectiva, las personas tienden a aceptar decisiones autoritarias, incluso si estas van en contra de sus propios valores. Klein describe cómo esta dinámica ha sido aprovechada para desmantelar servicios públicos, privatizar recursos básicos y eliminar derechos sociales bajo la promesa de “reconstrucción” o “estabilidad”.
Asimismo, el concepto de disonancia cognitiva, desarrollado por Leon Festinger, ayuda a explicar cómo muchas sociedades terminan aceptando reformas profundamente regresivas sin una resistencia proporcional. Cuando las personas perciben una contradicción entre sus valores democráticos y las acciones del gobierno, pueden reducir la incomodidad psicológica adaptando sus creencias o despolitizando su pensamiento. La narrativa del shock actúa entonces como un mecanismo de justificación: el cambio era necesario, inevitable, o incluso benéfico, dadas las circunstancias.
El libro de Klein también se relaciona con el estudio de la influencia social y la propaganda. A lo largo del texto, la autora muestra cómo los medios de comunicación desempeñan un papel crucial al amplificar el miedo y silenciar voces disidentes. Desde la psicología social, esto puede analizarse a través del fenómeno del pensamiento grupal (groupthink), donde la presión por mantener la cohesión y el consenso inhibe la crítica, y se refuerzan narrativas oficiales que legitiman la transformación económica. En los casos de Irak o Sri Lanka, por ejemplo, Klein documenta cómo los medios construyeron relatos que justificaron la privatización y la intervención extranjera mientras se invisibilizaba el sufrimiento local.
Cabe destacar, además, el papel del trauma colectivo. Desde una perspectiva psicosocial, las comunidades que atraviesan una catástrofe no solo experimentan pérdidas materiales, sino también simbólicas y emocionales. El trauma crea un vacío de sentido que puede ser aprovechado para reconfigurar la identidad social, reescribir la historia reciente e introducir nuevos sistemas de valores. La “doctrina del shock” se instala precisamente en ese momento de vulnerabilidad, cuando los recursos psíquicos individuales y comunitarios están debilitados.
Si bien el enfoque de Klein ha sido criticado por su aparente determinismo y por no considerar suficientemente las resistencias locales, su valor radica en abrir un campo de análisis interdisciplinario donde economía, política y psicología se entrelazan. Desde la psicología social, su obra permite comprender cómo los procesos de dominación neoliberal no se imponen únicamente por la fuerza o la ley, sino también por medio de dinámicas afectivas, narrativas y cognitivas que moldean el comportamiento colectivo.
En definitiva, La doctrina del shock ofrece una clave de lectura valiosa para los psicólogos sociales interesados en los vínculos entre poder, subjetividad y control. Nos recuerda que el cambio social no siempre ocurre en condiciones de diálogo y reflexión democrática, sino que muchas veces se introduce en el momento más vulnerable, cuando el miedo paraliza y la esperanza parece una opción lejana. Reconocer estos patrones es un paso fundamental para resistirlos.
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